SAN JUAN EN COLOMBIA Y EN CATALUNIA
LOS SAN JUANEROS EN EL TOLIMA
En Junio en Colombia, se realizan todos los festivales y el día del Padre el segundo Domingo del mes.
La TORTILLA DE PATATAS NO PUEDE FALTAR EN LA CELEBRACIÒN. Y con el fin de cuidar a los Padres una Torta LIGTH.
LA COCA Y EL SAN JUAN
Una de las primeras celebraciones que viví en Catalunya fue el bonito San Juan, como era tradición no solo en Catalunya sino en toda España; una fiesta un poco pagana celebrada con un hoguera que se enciende cerca de las playas, y en la cual se queman los deseos, listos por cumplirse en el año por venir.
El deseo se le cumplió al Jordi flipante, más que a los otros. El encontrar una pareja que acolitara todos sus deseos. Una aprendiz de cocinera, con la que probó la realización de la famosa «coca de San Juan»; como lo oyen, allí se maneja el término «coca» (pero no la que se aspira). Es una especie de pan o pizza, con relleno de crema inglesa, frutas y piñones. La chica que conoció a Jordi flipante, era de la tierra de la coca. En una de sus incursiones culinarias, quiso probar la realización de este famoso pan, tradición en su tierra. Para ello llamó a la persona más capacitada en postres, que tenía en ese momento en su establecimiento.
Cómo no, era la hermosa morena de ojos verdes y mirada profunda, la joven que hacía poco había solicitado una oportunidad en su restaurante. La verdad era que tenía una muy buena sazón y era tan dulce y adictiva como sus postres, ambientados con canciones románticas, con una muy hermosa y melodiosa voz. Su Especialidad sí eran los postres, y no cualquier postre, sino la línea erótica… Y así lo dio a conocer, cuando en lugar de coca de Sant Joan, para lo cual Jordi se esforzó en conseguir los famosos piñones, hizo una hermosa vagina («cuca») de chocolate, rellena de crema catalana, con frutas confitadas y fresas, y, cómo no, con Xocolat/chocolate.
Exquisito de sabor, pero nada adecuado para los comensales citadinos, medio mojigatos que asistían alí restaurante aquel día. Un escándalo total, que le tomó un cabreo como nunca a nuestro Jordi. Pero que, en definitiva, fue un punto de anclaje de Jordi a la tierra, y a esta hermosa y exótica colombiana.
Desde aquel día la cita se daba, todos los jueves, para enseñar a preparar los postres catalanes a la colombiana, y, entre la mezcla de harinas, huevos, leche y mucha mantequilla, surgían los postres más eróticos, con frutos exóticas de temporada… Como la fálica banana Split bañada con chocolate y que emanaba leche condensada al succionarla. Fue así como lograba extraer cada esencia de su ser, y ponerlo con cada una de sus creaciones.
Los labios mayores y menores de una naranja jugosa de la que, al oprimirla, surgía crema inglesa con naranja y amaretto… Y así muchos otros ejemplos, fueron las creaciones únicas que nacían del intercambio cultural y otras cosas, y que, en definitiva, no podían salir a la luz de los comensales. La idea de la gastronómica morena era abrir un sitio exclusivo para sus postres... Pero, en realidad, en aquella sociedad mojigata y de pueblo tercermundista, no era nada sencillo de lograr.
Con este intercambio cultural, la relación se consolidó al cabo de los pocos meses. Y fue así cómo, a su manera, le propuso ser la única degustadora de su plato estrella y el despertador matutino del pajarito.
Así duró el idilio amoroso, hasta que llegó la pandemia, transformando todo en un desastre. No solo fue la mayor crisis de nuestra época, sino de la historia de nuestro Jordi flipante. Las medidas sanitarias obligaron a la mayoría de los establecimientos y, en especial, a los de comida, al cierre de sus puertas, y nada más conocido que el famoso refrán de que «cuando la necesidad entra por la puerta, el amor sale por la ventana», fue partícipe de que a nuestra protagonista le surgió una oportunidad única de realizar un curso en Europa, de postres y chocolates. Bueno, al menos ese fue la razón que le dio a nuestro Romeo —diré Jordi—. La verdad era que no había podido sacar de su cabeza al profesor francés que conoció en su paso por la escuela gastronómica. Y cuando le ofreció pasar la pandemia en su buhardilla en Francia con todos los gastos pagos, el corazón pudo más que la razón y el deseo… Además, por supuesto que allí podría dar rienda suelta a su idea innovadora y a su pasión sexi-sensual-erótica.
Con el paso de los meses, y los años, las esperanzas de que retornara su amada se desvanecieron, dejando a nuestro Jordi, en un desánimo capaz de cortar la leche de cualquier postre… Durante este tiempo, sacó de su menú su plato estrella: la famosa crema catalana.
Al ver hundirse la barca, pensó en volver a su pueblo natal, pero pudo más el orgullo, y la imagen nefasta de que lo vieran llegar con el rabo entre las piernas. Entonces, se encerró en su mundo interior a morirse en vida, con la esperanza de que el COVID tocara su puerta y acabara con su vida, no contando con que tenía la protección, no demostrada, pero estoy casi segura, que dan las maticas de María. Así que terminó aferrado a ella como única tabla de salvación en ese momento y al amor que le tenía a la gastronomía y su restaurante.
Se dedicó a la panadería y a crear nuevos platos, volviéndose un experto en Pan pages, y, con las especies dadas por las huertas caseras, hizo una aparición más orgánica y acorde al medio, que le permitió salir de la tempestad. Definitivamente, la pasó, muy mal, nuestro Jordi flipante, en su aterrizaje forzoso a la realidad.
Sin embargo, optó —como el mejor de los marinero expertos— por lidiar con la tormenta, entregando el local inicial, y promocionando el corrientazo (plátano, arroz y papa, y verduras muy abundantes en el nuevo mundo y que él conocía muy bien como el calabacín, la berenjena, y granos como los fríjoles, los garbanzos, las lentejas… Y jugos de frutas… Aprendió algo del ingenio indígena, de ser innovadores innatos y no dejarse morir, al menos de hambre, y para que llegaran un mayor número de comensales. En una soledad casi absoluta, solo con la compañía de su compañera de viaje que se había traído inteligentemente de España. Ya para cuando su amada saltó de la barca, solo dos quedaban en ella; los 10 miembros de su equipo fueron desertando uno a uno, sin necesidad de despedirlos.
COCA MB CEBA y COCA DE PATATA...ANTOJITO CATALAN
En las épocas de crisis, en países "industrializados", la nutrición también es una prioridad , hablando con un Pajès ( Un campesino),compartió un truco que tenia su madre durante la guerra de España, era el Pan mojado en aceite de oliva y con un vino tinto. Sabiamente se mezclaban los alimentos de la cadena alimenticia.
La coca , es una preparación con pan, en los pueblos catalanes el intercambio de productos se realizaba antiguamente, los cuales se llevaban al panadero a cambio de una porción de la misma, como resultado esta tradición Catalana.


Me gustaria ver traducción de la coca de patata, ya que no soy catalana
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